En medio de una crisis económica sin precedentes, marcada por el alza descontrolada de precios y la pérdida total del poder adquisitivo, las medidas aplicadas por el gobierno de turno lograron frenar la inflación y sentar las bases de la estabilidad monetaria.
El origen de este escenario se remonta al desequilibrio fiscal y a las políticas aplicadas durante el primer gobierno de Alan García, donde el financiamiento del gasto público mediante emisión monetaria terminó disparando los precios. La falta de reservas internacionales y el aislamiento financiero agravaron aún más la situación, dejando al Estado sin margen de maniobra.
Con la llegada al poder de Alberto Fujimori, se implementó un giro radical en la política económica. El denominado “Fujishock” marcó el inicio de una serie de medidas orientadas a estabilizar la economía, incluyendo la liberación de precios, el recorte del gasto público y el fin de los subsidios generalizados que distorsionaban el mercado.
El impacto inicial fue severo: los precios de bienes básicos se incrementaron de forma abrupta, afectando especialmente a los sectores más vulnerables. Sin embargo, estas decisiones permitieron frenar la emisión descontrolada de dinero, considerada uno de los principales motores de la inflación, y sentaron las bases para recuperar el equilibrio macroeconómico.
Con el tiempo, la inflación comenzó a ceder y el país inició un proceso de estabilización que se consolidó en los años siguientes. Aunque el costo social de estas reformas continúa siendo objeto de debate, el cambio de rumbo económico de 1990 es recordado como un punto de inflexión que permitió dejar atrás uno de los periodos más críticos de la historia reciente del Perú.





